jueves, 15 de noviembre de 2007

Variantes Nacionales de la doctrina mercantilista

El mercantilismo ha sido definido como la doctrina y práctica económica de los Estados nacionales durante el periodo que va del siglo XV al siglo XVIII. Esta práctica económica se vertebra sobre tres pilares básicos: aranceles aduaneros, abundancia de especias y balanza comercial favorable. No obstante existen considerables diferencias en los modelos adoptados por los distintos Estados europeos como consecuencia de su propia trayectoria histórica. Tuvieron que responder a diferentes problemas originados por la situación concreta de cada Estado (población, geografía, clima, etc). Por este motivo el mercantilismo es un práctica heterogénea y con importantes diferencias nacionales.

ESPAÑA

En la Monarquía Hispánica existen dos corrientes de política económica que son el Arbitrismo y el Proyectismo.

Arbitristas

El nombre de arbitrismo tiene su origen en el deber feudal de consilium que obliga a los vasallos a dar consejo a su señor en la curia. También da nombre a una corriente de pensamiento político y económico que se origina en la llamada Escuela de Salamanca desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XVIII. Durante la época gozaron de mala fama en el ámbito nacional. Para hacernos una idea de la opinión que de ellos se tenía, destaca el comentario hecho por Quevedo en El Lince de Italia cuando el personaje afirma que el Anticristo ha de ser arbitrista. En el resto de Europa, más concretamente la zona protestante, rechazó sistemáticamente cualquier idea procedente de los estados católicos. De esta manera el papel de los arbitristas quedó en la sombra hasta su recuperación en el siglo XX a manos de hispanistas anglo - sajones y franceses. Pierre Vilar los ha definido como prefisiócratas y Domínguez Ortíz comentó que las conclusiones a que llegaron los más clarividentes de estos escritores no difieren mucho de las que han podido documentar la historiografía reciente. Sus escritos nos han revelado la verdadera importancia de esta corriente de pensamiento. Es en la primera mitad del siglo XVII y más concretamente durante el reinado de Felipe IV, cuando los postulados de este movimiento adquieren mayor significación.

Los arbitrios se remontan al siglo XV y son propuestas hechas a la Corona para dar solución a los problemas de la Hacienda y obtener ingresos fiscales. Estas propuestas se reflejaban en los memoriales dirigidos al rey. Pero es a partir de la segunda mitad del siglo XVI, con Felipe II, cuando empieza a adquirir mayor importancia. Durante este periodo es un arbitrismo más vinculado a propuestas de tipo fiscal y financiero. A partir del siglo XVII se inician diversos estudios sobre la decadencia nacional que tienen como resultado un análisis más global del proceso económico. Algunos autores consideran que esta corriente expresa la frustración de una burguesía abortada, ya que los grandes centros tradicionales de comercio fueron desapareciendo a finales del siglo XVI . Aunque los temas tratados en los memoriales son de diversa índole, gran parte de ellos responde a un modelo común: causas de la decadencia / remedios propuestos. Entre las causas destaca la constante conexión de la decadencia con la guerra. La causas fundamentales de la decadencia se pueden resumir de la siguiente manera:

  1. La despoblación a causa de peste, guerra, hambre, emigración, descenso en el número de matrimonios, expulsión de los moriscos.
  2. La afluencia de metales preciosos no había enriquecido a la monarquía. Muy al contrario la había conducido al abandono de las verdaderas fuentes de riqueza: comercio, industria y agricultura
  3. La falta de dedicación al trabajo. Cuestionaron la institución del mayorazgo y la relación nobleza / desprecio al trabajo, la ausencia de burguesía mercantil, la mendicidad, los juros y los censos, etc.
  4. Inestabilidad monetaria.
  5. Exceso de impuestos que tiene como consecuencia el abandono del medio rural y sus actividades.
  6. La influencia de los extranjeros en lo referente a productos manufacturados por otros Estados, los intereses desmedidos de los empréstitos, la falsificación de moneda, etc.

Para frenar los efectos de estas causas, proponen los siguientes remedios:

  1. Repoblación. Consideraban que la guerra y el hambre eran inevitables, por ello trataban de impulsar el aumento de población con el fomento del matrimonio mediante beneficios fiscales y supresión de dotes.
  2. Fomento de la agricultura y la ganadería.
  3. Fomento de las artes, los oficios mecánicos y el comercio.
  4. Saneamiento de la moneda.
  5. Redistribución más equitativa de las cargas fiscales.
  6. Supresión o racionalización de las mercedes.
  7. Suavización de los estatutos de limpieza de sangre.

Como ya hemos destacado anteriormente la corriente arbitrista sufrió cambios a lo largo del periodo. En función de la estructura, contenido y cronología de los escritos se han elaborado varias tipologías. Nosotros exponemos la elaborada por Juan Ignacio Gutiérrez Nieto, pero existe otra realizada por José Larraz (La época del mercantilismo en Castilla (1500 – 1700). Aguilar. Madrid, 1963). Gutiérrez Nieto propone cinco grandes apartados que detallamos a continuación:


  1. Grupo 1º. Es la época del Arbitrismo fiscal y financiero relacionado con las crisis económicas del reinado de Felipe II. Sus figuras más destacadas son:

    1. Luis Ortiz. Su primer memorial es a raiz de la bancarrota de 1557, en 1558.
    2. Juan de Silva hace una memorial en 1598 para el reinado de Felipe III.
    3. Valle de la Cerda hace un memorial en 1600 para el Desempeño del Patrimonio de Su Majestad y de los Reinos, sin daño del Rey y vasallos y con descanso de todos. Propone acudir a erarios públicos y Montes de Piedad para solucionar el problema de la Hacienda.
    4. Pedro de Meneses, 1635. Memorial para la financiación de la guerra.
    5. Diego Cortés Dáila, 1642. Es un memorial muy novedoso para la época; trata de evitar los fraudes que se hacen a la Hacienda Real.

  1. Grupo 2º. Arbitrismo económico que se produce, sobre todo, tras el reinado de Felipe II:

    1. Martín González de Cellorigo. 1600 escribe un memorial a Felipe III, de la política necesaria y útil restauración a la República de España. Es muy importante porque define el género arbitrista. En el memorial se pueden observar tres partes: Una primera que trata de la decadencia y caída de las repúblicas y las causas por las que España ha declinado. La segunda propone los remedios para la restauración de nuestra República; y la tercera, el modo de acabar con las necesidades del Rey y del Reino. El aspecto más importante del memorial es la doctrina de la inflación beneficiosa por sus similitudes con la corriente fisiocrática del siglo XVIII.

    1. Cristóbal Perez de Herrera, 1610. En razón de muchas cosas tocantes al bien, prosperidad, riqueza, fertilidad de estos reinos y restauración de la gente que se ha echado de ello. Otro texto clásico de la literatura arbitrista.

Dentro de este bloque existen otros autores que se centran en la problemática agraria. Son Pedro de Valencia (1605), Pedro Fernández Navarrete (1626) y Miguel Caxa de Leruela (1631). Igualmente hay autores que incluyen en este grupo de arbitristas económicos a los escritores de la denominada Escuela de Toledo. Se trata de Damián de Olivares, 1620; Sancho de Moncada, 1619. Estos autores se centran más en la industria.

  1. Grupo 3º, denominados arbitristas políticos. Propuestas destinadas al buen gobierno y a la conservación de la monarquía:
    1. Jerónimo Cevallos, 1623.
    2. Mateo López Bravo, 1616 y 1627 respectivamente.
    3. Andrés Velasco, 1612.
  2. Grupo 4º, el arbitrismo social que pone de relieve los aspectos de la estructura social como causante de la decadencia:
    1. Gaspar Gutierrez, 1600.
    2. Fray Benito de Peñalosa, 1629.
    3. Francisco Martínez de la Mata, 1654.
  3. Grupo 5º. El arbitrismo técnico se centraba en las innovaciones necesarias para el aumento de la producción.
    1. Gil de Córdoba, 1640.
    2. Capitán Diego Ramirez, 1640

Aunque el arbitrismo fue un fenómeno más castellano, en Cataluña surgen críticas similares al mismo tiempo. Como consecuencia, entre 1620 y 1630, se inició un intenso debate entre proteccionistas y librecambistas. Estas son alguna de las figuras más relevantes: Jaume Damians, 1630; Jaume Dalmau, 1620; Narcis Peralta, 1620; F. Soler, 1620 y Feliú de la Penya, 1683.

Proyectistas


En el siglo XVIII el mercantilismo todavía sigue vigente con los proyectistas. Existe continuidad entre los siglos XVII y XVIII en cuanto a línea de pensamiento. Los proyectistas recogen las críticas de sus antecesores y las replantean. Aunque su pensamiento no es original, se observa un perfeccionamiento en la identificación de problemas y un mayor grado de sistematización.



Bernardo Ward, que estaba al servicio de Fernando VI, escribió una obra en los años sesenta que fue publicada por Campomanes en 1779. Esta obra se llamaba Proyecto Económico y estaba inspirada por la obra de José del Campillo publicada en los años cuarenta. Algunos autores consideran la obra de Ward un simple plagio. No obstante su material procede de diversas fuentes y forman un compendio de las ideas de sus predecesores para remediar la decadencia de España. Según Ward, para lograr la felicidad de España, era necesario aumentar la agricultura, el comercio y la industria.

Otra obra escrita en los mismos años y con características similares es la del abate Miguel Antonio de la Gándara. Aunque fue redactada en 1762 no fue publicada hasta 1804. Vuelven a repetirse las mismas formulas para la regeneración española. Las reformas se hacen siempre con el consentimiento del monarca y con la finalidad de mantener la sociedad tradicional. No obstante existen ataques a los monopolios y a las manos muertas eclesiásticas. La obra del abate tiene de original un incipiente nacionalismo que no observamos en los otros dos autores.

En los dos primeros tercios del siglo XVIII la preocupación por buscar las causas de la decadencia española y sus soluciones son típicamente mercantilistas. Combinan la liberalización controlada de ciertos sectores con el intervencionismo y proteccionismo estatal en otros ámbitos. Es una actualización del pensamiento mercantilista de siglos anteriores que no supone ninguna aportación original.

Las ideas de la escuela fisiocrática enriquecieron el tradicional mercantilismo español durante el reinado de Carlos III. No obstante nunca se produjo una asimilación total de la nueva doctrina como demuestra la ausencia de obras traducidas al español de pensadores tan destacados como Quesnay. Este influjo fisiocrático se percibe ya en el programa político de Pedro Rodríguez de Campomanes. Mediante una circular pidió a los distintos territorios que informasen de su situación económica y así proponer las reformas necesarias para su mejora. Estas reformas estaban orientadas a una mayor formación técnica de los campesinos y artesanos sin cuestionar el sistema propio del Antiguo Régimen. Este llamamiento obtuvo respuesta en la formación de más de setenta Sociedades Económicas de Amigos del País a partir de 1775. De estas sociedades van a surgir los intelectuales más notables de época como son Francisco de Cabarrús o Gaspar Melchor de Jovellanos.





Mercedes Esbri Ollero


3 comentarios:

David Alonso dijo...

Falta el contenido de esta entrada.

David Alonso dijo...

Buena entrada, Mercedes. Faltaría, únicamente, otras variantes nacionales del mercantilismo.
¿Es tuya la fotografía? Si no estoy equivocado, es la fachada lateral de San Pablo (Valladolid).

Un saludo

Mercedes dijo...

Hola

Es la fachada del edificio de Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, según wikipedia.


Un saludo.